
Al entrar en Rennes-le-Château, un cartel advierte: “Les fouilles sont interdites”. La traducción literal es “las excavaciones están prohibidas”, pero su sentido es más preciso: lo que no se permite es escarbar. Una acción similar a excavar, pero con un objetivo. La excavación arbitraria se permite; la búsqueda de algo oculto, queda prohibida. Este matiz es la clave del misterio.
Para entenderlo, debemos remontarnos a 1885, cuando el sacerdote François-Bérenger Saunière fue enviado a Rennes-le-Château, un pequeño pueblo en el sur de Francia. Durante la restauración de su iglesia, se dice que encontró unos pergaminos muy antiguos. Nunca se supo qué contenían, pero a partir de entonces su vida cambió de forma radical: en pocos meses pasó de ser un cura pobre a uno de los hombres más ricos de la región. Renovó la iglesia por completo y, en su entrada, colocó la inscripción "Terribilis est locus iste" junto a la figura de un inquietante diablo. Además, construyó la enigmática Torre Magdala y Villa Betania.
En pocos años, el origen de su fortuna se convirtió en uno de los mayores misterios de la zona. ¿Guardaban esos pergaminos las pistas de un antiguo tesoro?

















